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7 jornadas, Cultural.

Quedan 7 jornadas para el final de liga en segunda división, y la Cultural está fuera de descenso, para un recién ascendido la situación es lo que se debería esperar cuando en agosto empezó la temporada.

Después de cuatro décadas sin fútbol de segunda, esto debería ser lo esperado.

Sin embargo existe un cierto ambiente de pesimismo, que es poco entendible, gente que pide que se despida al entrenador, gente que pide la cabeza del director técnico, algún periodista al que da la risa leerle, pues en sus artículos se ve tanto odio al presidente, que se convierten en caricaturas, y cierto ambiente de tensión y miedo en el estadio durante los partidos.

Es cierto que la Cultural se juega mucho, que bajar sería muy malo, pero no es menos cierto que siendo objetivos, el equipo está donde tendría que estar, con todas las opciones abiertas, y que está haciendo la temporada que debe hacer un recién ascendido.

Por lo tanto ha llegado el momento de sumar entre todos, da igual las filias y las fobias, es lo mismo si me gusta este o aquel, ahora es el momento de apoyar incondicionalmente, con lo que ello supone y trasladar el cobro de facturas a final de temporada.

Una vez que termine el curso, entonces si, se pueden pedir responsabilidades o entregar felicitaciones, pero esperemos un poco y mientras ayudemos al equipo a conseguir su objetivo.

Entre todos es más fácil.

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El parque 2. 

Hace tiempo ya escribí, un post sobre los parques, esa jungla donde mandan los enanos, o deberían mandar ellos al menos.

Ahora y por desgracia cuando voy al parque con mi enano, tengo que llevar de refuerzo a mi padre y a mí oráculo, pues yo no puedo cargar con el niño si le pasara algo.

También debido a que no aguanto mucho rato de pie me siento en un banco y observo, y sin duda es muy gracioso ver y darse cuenta de todo lo que pasa.

 En la zona de juegos hay más padres, madres, abuelos y abuelas que niños, a mí me resulta imposible ver desde el banco a mi hijo.

Todos los vigilantes llevan la merienda del niño en la mano, y le persiguen para dársela, como si el pequeñajo no pudiese ir a por ella cuando tenga ganas, no, no, tiene que comer y si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma, es una persecución brutal. No hay tregua, o comes o comes, y además que sabrás tú, si tienes hambre o no, comes y punto.

A esto hay que añadir el modo protector de los vigilantes, a un metro del niño y con la mano que les sobra de la merienda en tensión y constantemente alargada, gritando “no te subas ahí”, “cuidado “, ” hay que compartir “, ” venga un mordisco “, ” deja al otro niño “, al final los pequeños reciben más órdenes jugando en el parque, que en el colegio del que acaban de salir. 

Yo creo que  llegan a casa con dolor de cabeza y acojonados,  pensando que han estado de expedición con Jesus Calleja y no jugando en el tobogán, todo han sido riesgos. Yo ya le he comprado un casco, y un traje con protecciones al mío, que no quiero líos, si se da un golpe.

A lo mejor llega el día en que los papis y familiares cercanos de las criaturas nos quedamos a una distancia prudencial, y les dejamos que practiquen lo que un amigo mío llama juego libre, y en otras épocas si podíamos hacer, yo no recuerdo a mis padres detrás de mi, sin duda son otros tiempos, pero sinceramente creo que somos muy pesados.

Libertad para los niños ya, que puedan jugar. Si papi tiene miedo que se lo coma y no me la traslade a mi.

Hay que desterrar esa persecución, los niños no son tontos, son niños, vigilar si, agobiar no.

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Domingo recuperando. #jodetebicho.

Normalmente el domingo es el día de  levantarse como un ninja, y salir a correr, el día de la tirada larga, el día de la ducha feliz después de la carrera, y el día de disfrutar después poniendote a la orden de tu oráculo.

Pero mi primer domingo de libertad condicionada, o dicho de manera menos literaria, mi primer domingo desde el alta, voy a hacer un pequeño análisis de esta semana en casa.

Dolor, no es necesario pasar por él, no hay que hacerse el duro, tomar analgésicos cuando te duele no es malo, lo otro es vicio.

Comida, he recuperado el apetito y el placer por comer, a mí siempre me gustó mucho comer, así que está parte es una auténtica maravilla. Comer y no sentirse hinchado es genial, y es genial perder el miedo a comer, aunque sea ya sabemos, poco a poco.

Caminar, me mandaron caminar todo lo que pudiera, para movilizar las tripas, pero se les olvido lo flojo que estoy. Apenas tenía energía y me costaba mucho, pero y de nuevo con la fórmula mágica, poco a poco, voy caminando más, me salen dolores en mis piernas por todos los sitios, pero a falta de deporte, es genial poder caminar, así que estoy en el camino para batir marcas caminando.

Mentalmente, está es la gran batalla a día de hoy, después de dos años sufriendo lo indecible, parece que mi mente se rindió, eso unido a mi poca paciencia, hace que cuando he tenido dolores me agobiara mucho y me saliesen miedos por todas partes. Pero me ha salvado poder llamar a mi doctora a su consulta y hablar con ella, el gran Jose Antonio que como ha pasado antes por esto resuelve cualquier duda, y mi hermanita Mónica que además de profesional de la salud con lo que me calma, me conoce muy bien y sabe animarme, gracias a ellos, mi mente se resetea y vuelve a estar llena de fuerzas, y mis miedos están un poco aparcados.

Ocio, leer como en mi etapa anterior me ayuda, pero dar un paseo con mi oráculo para buscar al enano y poder estar con él me ayuda más cualquier medicamento del mundo, ellos hacen que pueda ver mis días como positivos, y que luche por lo que están por venir lo sean más. 

Además no puedo practicar deporte en dos meses, pero tengo Movistar y mil canales, donde veo casi cualquier deporte que retransmiten, ahora soy un auténtico profesional del hacer deporte desde el sofá.
El balance es muy bueno, con momentos durillos, pero nadie dijo que iba a ser fácil.

Así que un domingo no correré, pero sigo en el camino de ganar al bicho.

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Postoperatorio.

Unos días después de recibir el alta y ya en casa, toca pasar por el postoperatorio.

Cuando te dan el alta, te dan un informe, en el que viene lo que tienes que hacer, además de decírtelo de viva voz antes de salir del hospital. Nada de esto sirve mucho más, que como guía informativa. 

Cuando llegas a casa todo es nuevo, los dolores, la velocidad a la que crees que va a ir la recuperación versus la velocidad real a la que va la recuperación, no es lo mismo. Incluso parece que la casa te la han cambiado, todo es raro, estas fuera de sitio.

Si un día te encuentras bien, tiendes a venirte arriba de forma exagerada, como mecanismo compensatorio de lo que has pasado, si un día te encuentras mal, tiendes a venirte abajo a lo grande pensando que todo va a salirte mal.

La clave como siempre está en el equilibrio, y en algo de lo que yo carezco, la paciencia. Y es que aunque me da la risa, esto va poco a poco, y cuanto antes lo asumas mejor, porque así corres menos riesgo de cometer algún error.

Es clave tener gente cerca o lejos que hayan pasado por tu experiencia y te solventen dudas que te van surgiendo, y sobre todo tener gente con la que hablar, y cosas que hacer para que la cabeza no viaje a lugares inadecuados. 

Cada día bueno es un gran día, pero cada día malo no lo es tanto, porque es un día más que pasa, y cada día que pasa te estás curando, así que incluso cuando te toca un poco de sufrimiento, hay que aguantar, porque como dice el Alemán, has pasado más de lo que te queda por pasar.

Nadie dijo que fuera fácil, pero el premio es tan grande, que merece la pena.

Paciencia, cabeza fría, tranquilidad, familia, y aprovechar cada minuto feliz para cargar pilas, esa es mi fórmula.

Sino mereciera la pena sería más fácil.

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Gracias.

Gracias a todo el personal del Caule ( Hospital de León), que me ha cuidado estos días, son sencillamente maravillosos, ni una queja, y un trato superior.

De mi familia no digo nada, esos sí que me cuidan, y sobre todo me soportan en este trance y en otros.

Gracias a todos los que de una manera u otra os habéis interesado por mi estado, muchas de gracias de verdad, porque cuando estás así cualquier detalle se agradece, cualquier detalle te da fuerzas, cualquier detalle tira de ti hacia delante.

Que importante es tener cerca gente positiva y que te quiera.

Eso sí, aunque siga peleando porque quiero y además no me queda otra, lo que quiero es dejar de luchar, porque eso significaría que por fin las cosas van bien, que por fin se va el dolor, que por fin puedo comer sin miedo, que por fin puedo estar tranquilo.

Luchar está bien y hay que hacerlo, pero poder dejar de hacerlo tiene que ser genial, así que desando quitarme la capa de luchador y ponerme ropa de tío normal.

Ahora toca ser paciente, y cuidarse, no acelerar, porque la herida de la tripa me va a dar guerra y hay que tener cuidado, así que no me insistáis en invitarme a cenar o comer, que os ponéis demasiado pesados y generosos, por lo menos hasta…

Ahora comida sana, paseos, y ojito con la cabeza, esa es la que hay que controlar.

Gracias a todos, cada gesto me ayuda y lo valoro, hace que no me sienta solo.

GRACIAS.

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Alta.

Me voy para casa, yuhuuuuuuuuu.

Con 70 cm menos de intestino, y algún kilo que se ha quedado por el camino.

Todo ha salido más o menos bien y hoy empieza un nuevo episodio de mi batalla contra el bicho.

Así que cambiamos el #jodetealvaro de hace unos días por el #jodetebicho que marcará mi pelea.

#jodetebicho.

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