España

Rutinas.

Cada día de trabajo me despierto a la misma hora, me levanto camino los mismos metros, casi diría que sigo las huellas del día anterior. Caliento el café, me lo tomo mientras miro la prensa en el móvil, preparo mis cosas me pongo el uniforme y tras bajar la bicicleta a la calle inicio el camino hacia el trabajo.

Vuelvo a repetir el camino, un día si y otro también, solo cambian los peregrinos que un día son unos y al día siguiente otros, es prácticamente lo único que se renueva.

Los barrenderos están en la misma esquina, los siguientes barrenderos en el mismo puente y el último barrendero que cruzó en su misma acera, todos y cada uno de ellos forman parte del paisaje, si algún día no están mi mente instantáneamente les pondrá falta.

Llego a trabajar a la misma hora cada día, entro, dejo la bicicleta, me quito el casco dejo el reloj en la taquilla y empieza una jornada laboral, muy parecida a las últimas 500, se lo que tengo que hacer, cuando lo tengo que hacer y como lo tengo que hacer.

El único elemento que cambia un poco son mis compañeros, no coincidimos los mismos siempre, es lo que tienen los turnos.

Acaba la jornada laboral y de nuevo el camino de vuelta, y de nuevo encontrarse con los mismos, a la misma hora, en el mismo sitio.

Porque al final todos tenemos nuestras rutinas, que viéndolo así son aburridas y monótonas y que sin embargo el día que no están perdemos seguridad.

El día que no está ese barrendero, el día que pasa algo en el trabajo, el día que al volver aquella chica que siempre camina deprisa hablando por el móvil va despacio y sin hablar, esos días algo pasa en nuestra cabeza que nos hace dudar, por lo menos en la mía.

Aunque últimamente quizá todo se ha vuelto demasiado rutinario, así que en breve habrá que abrazar algún cambio. Porque si la rutina da seguridad pero cansa y aburre mucho.

Todo menos el aburrimiento.

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