España

El día del perrito 🐶.

Lo bueno de esto es que cada día puede pasarte algo que no esperas que te pase, y así ha sido hoy.

Todo empezó normal, desayuno, llevar al heredero al campus de fútbol y prepararse para correr. Esta vez salí desde La Granja ya llegue preparado y puse rumbo a La Candamia.

Allí subí pesaroso por la primera cuesta dura, cuando vi que una mujer me hacía aspavientos, me pareció raro, pues yo pensaba que tampoco debía enfadarse porque fuese tan lento, pero en los tiempos que corren vete a saber tú.

Así que pare entre avergonzado y asustado, preparando cualquier excusa para justificar mi lentitud, “es que desde que tengo Netflix duermo fatal”.

Pero el motivo de los nervios de interlocutora era otro y era más serio, se le acaba de escapar su “perrito”, yo que no soy muy conocedor de las razas pregunté, “¿ y qué raza es?, son una de esas preguntas que haces por hacer, un poco por empatía, y ella me explico, “un cruce de labrador con rottweiler, me quede como estaba, eso si ya me quedo más o menos claro que “perrito” no era, que algo más grande teníamos entre manos.

Ella estaba muy nerviosa, así que me ofrecí a ayudarla, le dije que fuera por abajo, yo por arriba corriendo que aún a mi ritmo cubriría más terreno, y manos a la obra, previo intercambio de números de teléfono por si el “perrito”, de nombre Klaus por cierto, aparecía.

Yo corría y con mi atronadora voz decía una y otra Klaus, Klaus… pero por allí arriba no se movía ni uña ramo. Así que decidí bajar, y aquí me crucé a un compañero runner, al que le pregunté ¿has visto un perro?, ¿ negro? me contestó el, y noté como el pulso se me aceleraba, “si ese si, ¿ donde?”, mi compañero runner me señaló, y me encamine hacia allí raudo y veloz.

Seguí gritando Klaus, Klaus y de repente y cortándome la meada, esto es literal, me habían entrado ganas, apeteció Klaus corriendo, viniendo hacia mí con cara de alegría.

Entonces llama a su dueña y quedamos en un punto intermedio, pero justo en ese momento Klaus empezó a desconfiar de mi, y no le culpo, mallas cortas, sin camiseta, calcetines rojos, una cinta en el pelo, y mis continuos silbiditos para que me siguiese.

Me lo imagino pensando, “y si en realidad no es quien dice ser, menudas pintas lleva el tipo este”.

Sea como fuere encontramos a su dueña, y en ese momento se produjo un momento mágico y es que la alegría de ambos fue maravillosa.

Yo quiero para mi alguien o algo, que se ponga así cuando me vea.

Lógicamente todo esto estropeó mi media, y es que los runners nos pase lo que nos pase, tenemos que cumplir unos mínimos.

Basado en hechos reales.

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