España

Que café más rico.

En un tiempo de prisas y velocidad ayer fui al Valle del Silencio (El Bierzo), para hacer un ruta que previamente había descargado en mi reloj.

Subí a La Aquiana 1868 metros, vistas espectaculares, una ruta que permite correr, otra cosa son las agujetas que tengo hoy.

Subí desde Montes de Valdueza, un pueblo singular que tiene un monasterio que en su día fue abandonado tras la invasión árabe y que después de ser recuperado con la amortización de Mendizabal se volvió a abandonar.

Subí y cuando baje descubrí una cantina singular la dueña de la misma se autodenominó “cantinera”, y me pedí una café ☕️ y refresco.

Mientras esperaba me senté a disfrutar del paisaje que tenía delante, montaña, bosque y una soledad que necesitaba.

Pasaban los minutos, el café no llegaba y sin embargo no cundía en mí la ansiedad por no ser atendido, pues siendo el único cliente no se podían haber olvidado de mí, era cuestión de esperar y teniendo en cuenta lo agradable de la situación deje de lado las prisas.

La cantinera salió portando el café en una bandeja y sus palabras aclararon la espera, “perdón por la tardanza pero he hecho el café a fuego lento”.

Ya estaba todo dicho, en ese momento mis ojos se iluminaron mirando el oro negro que tenía delante de mi, ya sabía que la espera había merecido la pena.

Lo lleve a mis labios y efectivamente, fue uno los cafés más ricos que he tomado en mi vida, y lo fue no solo por el café, lo fue por la situación, el paisaje, la calma, la ausencia de ruido y de prisa.

El café debería tomarse así siempre, con tiempo para esperar por su preparación, y sin prisa por terminarlo, si además el silencio se sustituye por una conversación tranquila, existen pocas cosas más ricas que un café.

El café es más que una bebida, es un momento, cuando tomas café, estás comprando tiempo.

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