España

Día 47. Pasear

En esta casa somos tres, así que esta semana me toca salir a pasear un día si y otro no con el niño.

Es curioso como se mezclan en mí sentimientos encontrados, el día que salgo.

Por una lado, alegría y unas ganas tremendas de salir , y por otra tristeza, y sensación de irrealidad cuando vuelvo.

Sales a la calle, y al principio todo es felicidad, vas con tu niño, te da el aire en la cara, disfrutas de la sensación de Libertad. Ves como corre, como va en bici, como sonríe y a través de él disfrutas tú también.

Pero a medida que vas caminando el foco ya no se centra en lo positivo, y empieza a invadirte una sensación extraña, una sensación que empieza lejana y acaba por invadir todo tu cuerpo.

Es la sensación de irrealidad, lo que estás viendo ni te lo imaginabas, ni creías que fuera a ocurrir nunca, es más propio todo de un guión distopico, que hace que te sientas fuera de lugar.

Ves los locales cerrados, piensas en sus dueños y en si podrán volver a abrir, en sus sueños rotos, en sus preocupaciones, en sus miedos.

Ves gente, casi toda con mascarilla, y cuando la ves sin darte cuenta, casi automáticamente te apartas de ella, a la vez que ellos se apartan de ti, casi sin mirarte, imagino que es, porque a los dos nos da vergüenza tener miedo, el uno del otro.

Llegas a sitios emblemáticos, y están desiertos, casi nadie en los alrededores de la catedral, es como si estuviese sola, preguntándose desde ahí arriba que es lo ha pasado para que la hayamos abandonado.

Caminas hacia casa con esa terrible sensación, que ya sabes que es real, y se llama tristeza, y el peor ruido de todos, el ruido del silencio provocado por la ausencia de gente, martillea tu cabeza.

Se escucha todo, todo menos a nosotros, nuestra ausencia multiplica todos los sonidos, y te hace sentir vacío.

Así que disimulando para que el enano no se dé cuenta, llegas a casa, abres la puerta, te limpias bien, y entonces empiezas a recuperar la tranquilidad, ahora si estás en lugar seguro.

Mientras esto siga así, salir a pasear no tengo claro si es un premio o un castigo.

Lo necesito, pero me deja tocado, me gusta y me horroriza, es bueno para mí Salud pero me hace correr un riesgo.

Aún así, seguiré paseando, y si hay una cosa que me enseño el Crohn, es que, pase lo que pase, hay que seguir paseando.

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