España

80,7.


Hoy como todas las mañanas de domingo, recién despertado y antes de la ducha espabiladora, repito ese gesto que llevo haciendo los dos últimos años. Pongo la báscula en el suelo, y me dispongo a subir en ella. 

Una vez encima de ella los números empiezan a parpedear, mi nervios van en aumento, tengo más tensión que Lopetegui de cara al clásico del domingo, y de repente,  se hace el silencio, la quietud se  instala en mi cuarto de baño, y un número se queda fijo en esa terrorífica máquina.

Mis ojos 👀 se dirigen hacia ese número, el  que me pondrá de cara a la realidad, cara a cara con mi peso, que me hará replantearme mi dieta, mis entrenos, y casi en resumen mi forma de vida.

80.7 ese es el número que se fija en la pantalla de la máquina diabólica, en ese momento una sonrisa se dibuja en mi cara, por fin después de 2 años recuperó la mítica cifra de 80 kilogramos, entre 80 y 83 está mi peso cuando me encuentro en pleno esplendor.

Así que si, esta vez si, me declaro en pleno esplendor, magnífico, espectacular, con fuerza, energía, ganas de seguir entrenando, trabajando, y muy cerca de estar en el momento adecuado para empezar a correr.

Sin dolores musculares significativos, hace mucho que esperaba este momento, 59 kilos pesaba cuando salí del hospital el 9 de abríl, 21 kilos más ahora, todo un Everest, que ya está escalado, ahora toca disfrutar de la cima.

El reto ahora es no pasarme, que llevo una progresión muy fuerte, a seguir haciendo deporte.

Everest escalado.

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