Fútbol

La Ley del Parque


18 horas de un día cualquiera entre semana, hace calor, en casa el enano se satura, y no queda otro remedio que prepararse e ir al parque. 

Así que cargamos los juguetes que el enano quiere y a la calle, buscando la sombra, nos encaminamos a un parque cualquiera, da igual a cuál vayas todos se rigen por la misma ley, la “ley del parque”.

Después de un trayecto divertido de discusiones con el nene porque el fenómeno quiere ir en brazos y lo consigue, llegamos a su terreno, llegamos al Parque.

Aquí no vale ninguna ordenanza municipal, ningúna ley que no sea la que ellos mismos marcan. Primeros minutos de tanteo, el enano no se separa mucho de mi, no es miedo, es precaución, es análisis, mira quién está, con quien puede jugar, y que juguetes están siendo utilizados y cuales no, por si le cae alguno, el mío además sitúa a las madres con chuches para saber a dónde tiene que acercarse a poner carita.

Una vez superada la fase de aclimatación y ante mi pasividad( yo me siento y apenas me muevo, le dejo hacer), el se introduce en la selva, y a jugar, ya elegida su víctima, se va a jugar con el o ella, quiera o no quiera, juega se divierte, se ríe, y normalmente en 30 minutos más o menos, se lleva alguna torta, nada grave, habrá incumplido alguna norma básica y recibe.

A lo que responde con una sonora llantina reclamando a su padre, como si yo pudiera hacer algo, estoy atado de pies y manos, como mucho un pequeño consuelo, y a seguir.

En ese momento ya es imposible subir al tobogán, la cola es mayor que la del dragón khan en Port Aventura, lo que es curioso, es que más o menos, por cada  niño hay tres padres vigilando que a sus retoños no les pase nada y de paso saturando un tobogán que pasa a ser inútil, se estima en 30 minutos el tiempo de espera. 

Así que como empezamos a ver que hay niños comiendo toca acercarse y tratar de pescar, normalmente primero me lo pide a mi, que con las prisas y dada mi falta de profesionalidad no he traído nada ( me pasa por no hacer una lista), pero como el hambre no va a pasar, se acerca a la bolsa de gusanitos más cercana, pone carita de bueno, y  ya esta, la madre me pregunta si puede comer, yo me hago un poco el loco y digo que si, y para el buche, fase chuches completada.

Entonces toca sacar alguno de los coches que ha traído que inevitablemente atrae a otros niños, igual que el ha sido atraído anteriormente por sus juguetes, y aquí sí que no sabes muy bien cómo funciona la “ley del parque”, según juguete, según compañero de juegos, según día, no se sabe muy bien, a veces no hay problemas y a veces se genera una auténtica guerra, que acaba con lloros, e incluso algún castigo, por el tema de compartir. 

Que difícil es gestionar esto, algún CEO de una gran compañía podría ir a un parque a formarse, si logras que todos estén contentos eres un fenómeno, entonces sí que puedes con todo.

Terminada esta fase queda irse, y puede parecer facil, quien va a querer estar en un sitio masificado, con niños que quieren quitarte los juguetes, con padres persiguiendo a niños y gritando cuidado cada dos segundos, con calor, con arena, con colas para subir a los juegos. Pues no no vas así conseguir irte con facilidad, has de negociar, y normalmente no vas a conseguir irte sin gritos y lamentos, porque si, porque en esta selva el se lo pasa genial.

Y es que la Ley del Parque, solo la entienden ellos, yo ya ni me molesto, solo acompaño y miro, al final es muy divertido.

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