Fútbol

Corrección 


Después de muchos años entrenando, hay una parte de la labor del entrenador que veo cada vez menos, y que me preocupa que se pierda.

El entrenador tiene la obligación de corregir lo que El Niño hace mal, porque no nos engañemos El Niño no lo hace todo bien, y necesita que le expliquen lo que hace mal, incluso necesita ver que lo que hace mal tiene consecuencias.

En mi opinión no todo da igual, no debería ser así, para eso existe también la figura del entrenador, para guiar al niño en la dirección correcta.

Existe la tendencia de justificar todo lo que hacen los jugadores, y no debería ser así. No pasa nada por explicarle lo que hace mal, e incluso castigarle, no sé si en estos tiempos se puede utilizar esta palabra, por las cosas que no hace bien.

Jugadores que no saben comportarse en un vestuario, últimamente existen algunos que parecen discotecas. Jugadores que no respetan el juego y a sus compañeros jugando sin intensidad. Jugadores que protestan al árbitro. Todo ello debe ser corregido y debe serlo, porque ellos deben saber y saben lo que hacen bien y lo que hacen mal, y que ambas acciones tienen consecuencias, hacerlo bien premio, hacerlo mal castigo, o como se pueda decir.

Pero no me refiero solo al aspecto disciplinario, también al futbolístico. En el desarrollo del propio juego, los niños hacen muchas cosas mal, que el entrenador debe corregir, no pasa nada, no le vas a traumatizar. La corrección ha de ser adecuada, proporcional, y acompañada de una explicación, pero tiene que existir, para que el jugador aprenda de su error.

Decirle al niño que nunca pasa nada, es un camino excepcional, para caer en la mediocridad, es cierto que juegan para divertirse, pero divirtiéndose y siendo corregidos, van a mejorar. Tapando sus errores y buscando animarles por animarles, solo aprenderán que da lo mismo hacerlo bien que mal, y no debería dar lo mismo.

Existen equipos que caen en el “no pasa nada”, pues resulta muy cómodo, y muy fácil, y esos equipos se derriten, se deshacen como un azucarillo. Dejan de mejorar, dejan de analizar que les pasa, viven una  extraña felicidad del todo vale, y se convierten en equipos cómodos para todos. Eso sí el resultado a la larga, es nefasto, la mitad dejan de jugar pronto, porque se desmotiván, ante la falta de mejora, y el resto entran en una dinámica difícil de reconducir (lo he visto muchas veces).

Por eso admiro a los entrenadores, que imponen una ética de trabajo en la que la corrección es una parte importante. Los niños son muy inteligentes, mucho, y merecen alguien que les diga las cosas como son. A A  los entrenadores que actúan así, les cuesta ganarse la popularidad, pero tienen el respeto de sus jugadores para toda la vida, porque al final el jugador valora de un entrenador lo que aprendió de el, no las veces que le hizo reír.

A mí Cecilio Bravo no me saco una sola sonrisa, pero aprendí muchísimo con el, por eso le recuerdo como mi mejor entrenador.

Los que habéis jugado, haced memoria,¿ a quien recordáis más?, ¿ a quien tenéis más respeto?.

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