Fútbol Base

LA CHARLA

Existe un aspecto prácticamente desconocido en el fútbol, un aspecto en el que la mayoría de la gente no repara, y no repara en él porque es una parte del juego que se desarrolla de puertas a dentro. Sólo es conocido por aquellos que hemos jugado o por aquellos que hemos entrenado algún equipo. Me refiero a “La Charla”.  Esos 15 – 30 minutos previos al partido en los que el entrenador se dirige a sus jugadores.

¿Por qué es tan importante esta charla? Para mí hay un factor que hace transcendental esos momentos en los que el entrenador se dirige a sus chicos, y es la preparación mental del partido. No sólo hemos de llevar a cabo el calentamiento físico para adecuar el cuerpo al esfuerzo posterior, también hemos de realizar la preparación de la mente para el posterior esfuerzo mental que requiere un partido de fútbol, sea cual sea su nivel.

Existen muchas teorías y formas de llevar a cabo esta charla de preparación previa al partido. A continuación explico como me gusta a mi:

  • Una charla dividida en dos partes: una general previa al calentamiento y una más breve y motivadora después del calentamiento.
  • Debe durar, aproximadamente, 20 minutos. Todo lo que exceda de ese tiempo hace que el jugador pierda la atención, sobre todo los más pequeños. Es practicamente imposible tener a 12 niños de 8 años escuchándote durante 20 minutos sin distraerse.
  • En la primera parte general, previa al calentamiento, tenemos que recordar lo trabajado durante la semana. No se debe llegar a este momento previo al partido y pedirle a los niños que hagan cosas que no han trabajado previamente, pues no lo van a saber hacer y, además, restará nuestra credibilidad ante ellos.
  • Un pequeño recordatorio primero de aspectos generales del equipo, para después ir a lo particular de cada jugador. Siempre de lo general a lo particular.
  • Cuando entramos en lo particular, dando instrucciones a cada jugador, se han de dar pequeñas pildoras, instrucciones breves, recordatorios que ayuden al jugador a mentalizarse sobre lo que tiene que hacer en el campo y, siempre, como he dicho antes, ha de pedirse a cada jugador que haga cosas que hemos trabajado durante la semana.
  • Un buen momento para dar instrucciones concretas a cada jugador es cuando se comunica la alineación inicial, puesto por puesto, recordando a cada uno lo que queremos que haga en el partido.
  • Después de estos 20 minutos el equipo debe salir a calentar. Llega el momento, pues, de activarse físicamente.
  • Una vez terminado el calentamiento, y antes de salir a jugar, la charla se convierte en algo meramente motivador. Aquí ya no se habla de nada táctico ni técnico. Es el momento de activar a los jugadores para que salgan con la intensidad adecuada al partido. El fútbol, hoy en día, requiere de una activación mental muy grande y de un elevado nivel de concentración. En esos minutos previos al partido es donde debemos lograr que los jugadores salgan en un nivel adecuado de activación, y digo adecuado porque una sobreactivación también será negativo.
  • En el descanso el entrenador tiene 15 minutos para reconducir o reforzar lo que está pasando en el campo. Sin embargo, no es recomendable hablar con los jugadores según se llega al vestuario. Primero deberíamos dejar que los jugadores se tranquilicen, bajen pulsaciones, beban e incluso que hablen entre ellos, para que ver si se dan cuenta de lo que ha pasado en el campo y lo que va a necesitar el equipo en la segunda parte. Hablar les viene bien para desahogarse. Una vez que pasan esos 5 minutos, es momento de CORREGIR. Lo pongo en mayúsculas porque aquí lo que solemos hacer es reñir y ese no es el camino. Debemos corregir lo que el jugador ha hecho mal y siempre le debermos explicar por qué lo ha hecho mal. No vale simplemente con enumerar sus errores o aciertos, tenemos que explicarle las consecuencias de sus acciones, para asegurarnos de que entiende que, o bien a de reforzar esa acción o cambiarla por completo.

La charla es, por lo tanto, una parte fundamental del fútbol, una parte que el público en general desconoce, pero que forma parte de nuestro deporte. Tener habilidad en el desarrollo de esta parte es crucial para un entrenador, y más para un entrenador de base. Ser didáctico con los niños, y a la vez conseguir el adecuado nivel de activación, es básico para poder afrontar un partido con garantías.

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GESTIÓN DEL ERROR

Hace unos días estaba viendo un documental sobre los hermanos Gasol en el que narraban su vida. Hablaban de sus múltiples éxitos y contaban un poco cómo habían llegado a donde están ahora. En este documental me llamó la atención una de las claves que dio Pau sobre el porqué de su éxito. A parte de su indudable talento, él hablaba de la gestión del error, de cómo en su entorno eran conscientes de que un deporte de equipo incluye gran cantidad de fallos, y cómo le animaban a que después de fallar una canasta no se quedase machacándose por ese error, y lo intentase otra vez más. La frase literal creo que era, “no pasa nada, la siguiente irá dentro”.

Este documental y estas palabras de Pau me hicieron reflexionar sobre lo que veo cada fin de semana en los campos de fútbol, y cada día en los campos de entrenamiento. ¿Gestionamos bien los errores de los chicos?, ¿vemos los errores como una oportunidad de aprender, o estigmatizamos al niño con sus fallos?, ¿tanto padres como entrenadores, no estaremos dando demasiada importancia a los fallos, en lugar de reforzar a los chicos con sus aciertos?.

En los deportes de equipo, que se juegan con un balón de por medio, el error es absolutamente inevitable. No conozco a ningún jugador absolutamente infalible y, sin embargo, todos en alguna ocasión hemos trasladado al niño nuestra frustración por su error de alguna u otra manera. Es curioso que se equivoque el niño y nos frustremos nosotros. ¿por qué no somos capaces de entender el error como parte del juego?.

Deberíamos aprovechar el error para corregir, para que el niño comprenda en qué se ha equivocado y lo corrija y sí reforzarle como decía Pau, no pasa nada, la siguiente vez te saldrá bien.

Conozco muchos casos, en los que una mala gestión del error hace que el niño se hunda. No todos son capaces de soportar la decepción en los ojos de sus entrenadores y sus padres. Alguno empieza a llorar nada más comete el fallo, lo que hace imposible que analice en qué se ha equivocado. Su único pensamiento es que le ha fallado a su equipo, a su padre que le mira desde la banda con cara de pocos amigos y a su entrenador que le echa en cara dicho fallo.

El proceso no debería ser ese. Deberíamos crear un ambiente en el que el error formase parte del juego, una parte importante además, pues el error bien gestionado hará que mejoremos. Cuando un niño cometa un error debe sentir que no le ha fallado a nadie, que simplemente se ha equivocado, que ese error es una parte más del juego, y que tiene el apoyo de su entrenador, de sus compañeros y, sobre todo, de su padre. En este ambiente positivo un error es una oportunidad y eso hará que el niño no se acompleje, no tenga miedo a volver a intentar la acción en la que cometió el error. Lo contrario hará que el niño ni siquiera lo intente, con lo que al final no mejorará el aspecto del juego en el que se ha equivocado. Por ejemplo, un niño diestro falla un pase con la izquierda. Si le reñimos no lo volverá a intentar, con lo que nunca mejorará el golpeo con esa pierna. Sin embargo, si recibe apoyo aun habiéndose equivocado seguirá intentándolo, con lo que mejorará su juego con su pierna menos hábil.

Se trata, pues, de entre todos crear un ambiente propicio para que el niño no tenga miedo a fallar. Padres, entrenadores y compañeros hemos de transmitir la idea de que fallar es parte del proceso, es una oportunidad para aprender.

Pau y su hermano Marc son un ejemplo de esto. Nunca, por muy mal que lo hagan, les veras dar un paso atrás, porque son conscientes de que el error forma parte del deporte y eso les hace más fuertes. Nosotros, al igual que ellos, también podemos crear esa idea,” NO PASA NADA LA SIGUIENTE ENTRARÁ”

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